¿Contracultural Santa Bernardita?
Esta palabra, más que una palabra es como un “modo de situarse ante determinadas ideas o comportamientos”. Y sólo significa para muchos un movimiento que nace, por la década de los ’70 del siglo pasado, de grupos marginales o inconformes y busca crear alternativas de convivencia. Pero no pienso ahora en este movimiento ni en las muchas manifestaciones que ha tenido. Lo que viene a mi mente es el reciente viaje del papa León XIV a Francia y su visita a Lourdes. Y no entiendo rara esta relación porque lo contracultural es desde siembre, desde que hay cultura, y es tan amplio que abarca desde lo peor hasta lo mejor.
El corazón de Lourdes son las 18 apariciones de la Madre de Dios que, en la del día 25 de marzo de 1854, en la aparición número 12, dijo de sí misma que era la Inmaculada Concepción, “Que soy era Immaculada Councepciou», dicho en el dialecto patués de Lourdes que era el que hablaba y entendía la vidente. ¿Quién fue la que oyó esa revelación, proclamada sólo cuatro años antes como dogma de fe para la Iglesia por el Papa Pío IX, como gracia concedida a la Madre de Dios? Pues ahí vamos: una niña llamada Marie-Bernard Soubirous, conocida por su nombre familiar de Bernadette, Bernardita.
¿Contracultural Santa Bernardita? Sólo tres luces de orientación. Primera: antes de su tiempo, en el de ella y muy en el de ahora, la cultura es la de aparecer, primeros planos, ser importante y más llegar a ser “influencer”. Ella, contraculturalmente, quiso desaparecer, buscar el silencio y la soledad, que nadie pudiera nombrarla como importante. Segunda luz: la cultura de siempre ha manifestado la decisión hasta el máximo de adorar a los ídolos del mundo, llámense dinero, poder, alto nivel social, bienestar a tope. Bernardita nació, vivió y murió eligiendo la pobreza y amando la pobreza de la enfermedad y de una vida corta: treinta y cinco años. Y tercera luz, también de la cultura de siempre y de hoy: y hoy se lleva saber las cosas, no practicarlas, ausencia de compromisos estables, nada es definitivo, ni las leyes morales porque todo es subjetivo, “aquí mando yo” “a mí no me manda nadie”. Santa Bernardita, de nuevo contracultural, fue fiel a los mensajes recibidos de la Virgen sufriendo mucho por esa fidelidad comprometida. Y es que, y pienso que este es el resumen de todo, Bernardita fue sencillamente santa y no hay nada más contracultural que el Evangelio y la santidad.
